Jaque o la segunda oportunidad

De pequeño siempre quiso ser historiador, puede que fuera por Indiana Jones o por la profesora Fox, pero lo importante es que nunca lo pudo ser. La empresa familiar requería de otras aptitudes y, así, se convirtió en gestor y director de la misma.

A sus 45 años todo ya daba un poco igual. Como con su pasión por la historia también perdió la capacidad de amar. “La empresa es tu vida” le dijeron a los 15, algo que resultó cierto a lo largo de esos lentos y fatigados treinta años.

Un día, cogió un libro al azar: “al final de la partida todas las piezas acaban en la misma caja, sólo varia el orden en que lo hacen”. Cansado analizó la partida de su vida. La primera pieza que sacrificó  fue su pasión por la historia, una torre que salvó a su rey, o más bien a su empresa. A partir de aquí su táctica se resintió, pero la partida continuaba su curso. Con los años tuvo que sacrificar a su reina, el amor de su vida, dejando de amar en el proceso perdió toda opción de victoria en su vida. Analizando cada detalle se dio cuenta que sería mejor dejar de sacrificar piezas pues su estrategia se había desmoronado y sólo podía optar a unas tablas.

Se pasó días dando vueltas al tablero de su vida y se dio cuenta, por primera vez en su vida, que el rey no era la empresa, sino que lo representaba a él. Aprendió que su empresa no era más que un peón. Largo tiempo atrás se equivocó al etiquetar a las piezas y eso marcó la diferencia.

Con una sonrisa sin alegría alguna para el tiempo de la partida y mira a la vida a los ojos: “es tu turno, te toca jugar”, dijo. La partida empezó de nuevo partiendo de cero, quizás de algo más atrás.

Horror…

Horror. Horror es lo que sentía cada día al levantarse. Horror era vivir cada día la misma rutina. Bueno, la misma rutina no. Algo había cambiado. Desde el día en que se separaron supo que todo estaba experimentando un cambio, un cambio para bien le sentenciaron los de su alrededor.

Desde un buen principio supo que era para mal, ¿quién en su sano juicio iba a abandonar su bienestar? Su trabajo no le permitía pensar mucho. Hoy a Tokio, la semana que viene Bogotá. Viajar. Ese era el sueño de toda persona libre. Él no le encontraba mucho sentido. Viajar por trabajo era lo que le hacía echar en falta lo que había perdido. Cada vuelta al hogar y encontrarlo vacío le desgarraba un poco más su alma.

A principios de abril volvió de Canadá. Después de dos semanas de frío volvía a casa. Su trayecto desde “Llegadas” hasta el portal había durado un suspiro. Al entrar en casa ella se le abalanzó. Ligeramente la apartó y cuando ella lo miró a los ojos solo vio horror.